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Violencia de género
 

¿Quiénes son las muertas de Juárez?
Por Guadalupe Elósegui M / periodista

No me pidan que les dé cifras, porque nadie sabe cuántas son. Dicen que más de 350 muertas y más de 500 desaparecidas. Ni siquiera los deudos lo saben con certeza.

Para mí, una sola es demasiado.

Pero los asesinos quieren más y más muertas. No se sacian. Ayer se anunció el hallazgo de otra más.

Me aferro como tod@s a lo poquito que hay, a las poquitas ganas, a las muchísimas preguntas, para ver si así, pregunte y pregunte, es posible desenmarañar tanto odio.

¿Quién es capaz de odiar de esa manera? Odiar y despreciar a esas mujeres al grado de morder y arrancar sus pechos para que nunca puedan ser alimento y consuelo, violarlas para cegar su fuente de placer y vida, estrangular sus gargantas para que la risa no halle su paso ni el llanto ni la palabra ni el gemido ni el aullido ni la palabra de amor ni el insulto ni el susurro ni el buenos dias ni nada. ¿Para qué? si calladitas se ven más bonitas.

¿Quién anda sembrando de cadáveres esa tierra de nadie, esa frontera de la inhumanidad? ¿Para qué? ¿A qué le tiene tanto miedo esa bestia que acecha, atrapa, asesina y abandona en los baldíos a esas mujeres? en los basureros
¿Son eso… basura?

Qué horrendo imaginar que anda suelta por las calles de una ciudad canalla como pocas, un desquiciado o muchos que ni siquiera saben lo que es el placer, lo que es el compartir las ganas cuando las hay… ni el amor.

Qué atroz y qué ridículo pensar en un montón de narcosatánicos, organizando ritos para que la amapolita se tiña de sangre joven y dé mucha goma o para que la nieve caiga sin ser invierno. Como si los narcos no estuvieran muy atareados en sus trafiques para andar cargándose encima a estas muchachitas que ni siquiera la consumen, porque simplemente no les alcanza con la raya de la maquila.

Qué inverosímil esa leyenda urbana de los traficantes de órganos
- "A ver, chiquita, presta el riñón, compermisito, me voy a llevar tu páncreas" Por favor. Cualquiera que sepa lo rápido que se coagula la vida, lo delicado que es el último suspiro, entenderá que hay de ficciones a ficciones, de posibilidades a imposibilidades.

Pero quién sabe. Esto lo he oído en una pesadilla y cuando desperté estaba tan fría como la muerta más muerta: "¿Qué prefiere, señito ¿que la mate nomás porque me cae gorda, así en caliente o que me la eche en frío y por dinero? Porque también puede ser nomás porque se me pasó la mano -el que lleva unas veinte muertitas ya sabe cuánto hay que apretar, dónde hay que cortar, pero los novatones no.. ni crea-, total, que al cabo el mérito se lo va a llevar otro, el serial killer, así ni tiene chiste. Pero ahí usté escójale, ándele, señito. Dígame hasta dónde trae la falda y por dónde se va a ir, y yo le digo en qué terrenito la van a hallar…"

De vuelta a la pesadilla de la realidad: Qué indignante es que los hombres de esa ciudad sin ley ni compasión, de este país donde "la vida no vale nada", vuelvan la cara hacia otro programa de televisión, hacia otro partido de futbol y se hagan los disimulados. ¿Será que muy en el fondo se alegran y no les puede? Qué raro. Como si no tuvieran hijas, madres, hermanas, amantes, compañeras.. Como si no pasara nada...

Qué terrible que ningún gobernante, ningún procurador, ningún policía se sienta aludido, tocado por una tragedia de estas dimensiones, ya no digamos como empleado de la burocracia que tiene que hacer su chamba, sino como simple ser humano.

Se me hace que las mujeres de Juárez antes de morir eran invisibles y ahora que ya no lo son, son de muchos otros modos.
Son Intocables para el dolor. Son una llaga en el corazón de quienes las amaron, son un hueco en la nómina, son un trapo descolorido que se deshilacha en el desierto.

Son un sentimiento enorme de vergüenza para tod@s los que seguimos mirando para otro lado, como si no nos importara, como si no pudiéramos hacer otra cosa
que callar.

Son mi recordatorio de que la invisibilidad mata. Y la impunidad, también.

2003-06-09

 
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