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Sexo y más...
 

Piropos, el trago amargo de la belleza
Por Lucrecia Montemayor

Caminando por la calle, y no es que se una belleza andando, no sólo nos damos cuenta de las miradas que los varones nos echan, quizá una revisadita rápida a nuestros atributos femeninos se pasa, pero ya cuando su boca empieza a tratar de iniciar la conquista, la cosa se pone peligrosa porque la más de las veces en lugar de alagar, te hacen sentir incómoda.

Creo que tolero en fiu fiu, fiu fiu, pero los piropos ya no son alagadores.

Ellos dicen...

"Bendito sea el árbol con el que hicieron la cuna en donde te mecieron"... y el piropo se extiende como tan grande es esta página, por ello nos limitamos a citar sólo un fragmento para decir que hace algunos ayeres, los hombres endulzaban o mejor dicho empalagaban el oído de las chicas con composiciones de este tipo. Ahora las cosas se han simplificado a tal modo que muchas de las veces, la adulación se limita a un mal intencionado "mamacita" que en lugar de derramar miel, emana hiel. Pese a las gesticulaciones groseras de las aludidas, los hombres insisten en "rendir homenaje" a cuanta chica se cruza por su camino, por una sencilla razón: existe la errónea creencia de que ello gusta a las mujeres.

"Yo creo que a ellas les gusta sentirse gustadas, por eso se los decimos" opina un adulador compulsivo. Tal vez halla algo de verdad, en algunas ocasiones los piropos cumplen con ese objetivo, pero son contadas las ocasiones que llevan tal intención. Por supuesto no faltó aquél que con cínica sonrisa externó "mmm... todavía de que les hacemos el favor".

Increíblemente, la gran mayoría de los hombres entrevistados declaró abstenerse de molestar a las mujeres en la calle, entonces nos cuestionamos: ¿en dónde están todos esos gañanes que gritan por la calle toda suerte de improperios en aras de la belleza femenina?

Ellas escuchan...

Consultamos en el diccionario para darles una definición real (por aquello de la Real Academia Española) de la palabra piropo, que a la letra dice: "Lisonja, sea o no galante, dirigida especialmente a las mujeres": quizá por el "especialmente" los masculinos lo asumen como una práctica exclusiva de su gremio.

Y es que en cierta manera ellos son quienes más lo ejercen, lo cual tiene que ver con la educación existente, en donde la mujer en la conquista tiene un papel pasivo, por supuesto entre comillas, pues desde luego participa, y aunque de manera velada, manipula. En fin que en esto de los piropos también le tocó limitarse a escuchar y las cosas que se escuchan no son para alegrarle el oído a nadie.

Después de alucinaciones verbales en torno a los senos y el sexo, las frases de los hombres giran en relación a proposiciones obscenas. Ambas agresiones provocan diversos sentimientos que van desde el enojo, el miedo, la impotencia y una pregunta: ¿Por qué tenía que decirme eso? ¿Qué hice? A la vez nuestra pregunta fue ¿Te gusta ser piropeada? ¿Qué es eso? Jamás he recibido un piropo, en la calle los hombres te agreden verbalmente, nunca se escucha algo agradable".

"Pero por supuesto ¿a quién no? Lo que detesto son las voces anónimas que te encuentras a diario por la calle que te hacen sentir la peor de las basuras. Por desgracia son las más comunes".

"No gracias, ni para bien ni para mal me gusta que los hombre me aborden, ello es una violación a tu intimidad".

El arte del piropo ¡ No existe tal ¡

En un principio el presente escrito fue pensado como una especie de guía que se le otorgaría al lector para que echase mano de ella en el momento que requiera piropear a su pareja, por lo mismo, lo más indicado era recolectar aquellas frases que se escuchan en colectivos, el metro, la calle, el puesto de jugos o en el mercado: y salimos en su búsqueda.

Lamentablemente, salvo honrosas excepciones, tales adulaciones resultan impublicables por lo soez de sus contenidos. Esto nos llevó a concluir que toda esa creatividad para alabar o exaltar las bondades del sexo complementario es algo pasado de moda, lo cual exige toda una serie de improperios vulgares.

El respeto al deambular ajeno es la paz

Los apapachos han degenerado en el vil hostigamiento sexual que a diario las mujeres soportan, pues quienes osan contestar no pocas veces se han encontrado con una respuesta de su agresor. Por ello incluso existió un intento de legislación al respecto, las ofendidas podían ir a denunciar. Sin embargo son tantas las mujeres que lo padecen a diario que se dio por abortada la misión.

Por supuesto las féminas no son una perita en dulce, en ellas también se registra la lisonja como una manera de hacerle sentir al varón lo agradable que resulta a la pupila; "güero, por ti me muero, y hasta me encuero" pero su práctica es mínima.

Con todo esto queremos concluir diciendo que si bien todavía existen varones con ganas de externar un piropo, (en toda la extensión de la palabra) y a los que sin duda les responderán de manera agresiva, sólo recuerden que la burra no era arisca, la hicieron.

Para evitar agresiones de ambas partes lo mejor es: respetar el deambular de las chic@s por la calle sin emitir comentario alguno. Concluimos que el silencio vale más que mil adulaciones.

 
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