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Sexualidad Masculina
 

Los hombres ante las transformaciones de las mujeres
¿Y ahora cómo debemos de vivir los hombres?


Dr. Rubén A. Ibarra Ayala
Sexólogo educador y terapeuta*


El tema es sugestivo de una gran disertación, sin embargo, el tiempo y espacio en que éste será publicado me lleva a plantearlo más como una reflexión. Ésta será realizada a partir de un cuestionamiento frecuente de hombres y mujeres:

“¿Y ahora cómo debemos de vivir los hombres?”

En la reflexión que me genera esta pregunta me encuentro con dos líneas.

A) La primera pasa por la dificultad en la que muchos hombres están viviendo para reacomodarse a los nuevos roles impuestos por la vida y la transformación de las mujeres.

Los roles se han flexibilizado gracias al trabajo que las mujeres han realizado desde hace tiempo para lograr posicionarse en espacios que tradicionalmente habían sido de los hombres. Ahora, lo que durante tantos años era correspondiente sólo a las mujeres, es también de hombres y viceversa.

El ser proveedor es uno de esos roles que ha cambiado radicalmente para los hombres. En la actualidad las finanzas se comparten en la gran mayoría de las relaciones de pareja. Tomado de la mano de esta transformación podemos ver al hombre más involucrado en las labores domésticas y en la crianza de l@s hij@s.

Lo fundamental en todo esto es que esos cambios de roles y búsqueda de espacios por parte de las mujeres, ellas los han venido buscando, gestando y luchando por conseguirlos desde hace mucho tiempo, poco a poco con intensidad y convicción. Mientras que los hombres, no se dieron ni por enterados de la necesidad de los cambios que el mundo entero estaba requiriendo. Ante la necesidad de responsabilidades compartidas y no segmentadas que parecían cotos de poder, tanto de hombres como de mujeres, los hombres pareciera que se quedaron ciegos y sordos, mientras que las mujeres abrieron los ojos y los oídos a los gritos de las necesidades urgentes de una transformación necesaria para la elemental subsistencia en un mundo globalizado, con una disminución del poder adquisitivo y relacional, tiempos de grandes distancias de transportación y de más horas de trabajo, lo cual alejaba a l@s miembros de la pareja de una relación más estrecha, de mayor intimidad.

Ciertamente esta falta de visión por parte de los hombres con la consecuente inadaptabilidad por parte de ellos, podría ser una de las tantas razones de la pregunta que se plantean.

B) Esta segunda línea va tomada de la anterior: Ante este cambio de roles ¿cómo es que ahora los hombres deben de relacionarse afectivamente con las mujeres?

Esta línea de reflexión me lleva a la dificultad que para muchos hombres significa expresar sus emociones de forma enriquecedora entre hombres y mujeres.

Mientras que las mujeres incrementaron sus potencialidades como seres humanos, al acceder a espacios antes restringidos sin que esto conllevara menoscabo a sus ya desarrolladas relaciones afectivas, los hombres disminuyeron sus potencialidades, porque ahora no sólo tienen que “competir contra una mujer” por los espacios laborales, sino que además deben re-aprender sus formas de mostrar sus afectos. Muchas veces esto genera frustración, traducida en violencia que se manifiesta de mil maneras distintas, desafortunadamente, la gran mayoría de los hombres “no se dan cuenta” de lo que están haciendo, una explosión de frustración es un gran miedo a explorarse en su terreno afectivo, demostrativo, colaborador e integrador.

Ya de por sí, los hombres son o fueron restringidos en la expresiones de sus emociones y valorada su fuerza e imposición, las cuales han sido aplaudidas y supravaloradas durante muchos años.

Ahora las mujeres ya no sólo desean relacionarse con hombres “FEOS, FUERTES Y FORMALES”, sino que piden compañeros dulces, amorosos, involucrados, tiernos. A los hombres les da miedo y en lugar de ir al frente y explorarse en esas áreas, se van para atrás, se aíslan, temen mostrarse tal cual son desde lo más profundo de sí mismos, temen la intimidad -muchos sólo aprendieron que la intimidad está en la cama- sin percatarse que la intimidad está fuera de la cama, que implica la capacidad de los seres humanos de compartir su mundo interno con él/la otr@.

Me resulta importante señalar que esta parte de la reflexión que comparto con ustedes, es sólo la punta de un gran iceberg y que lo que intento es gestar reflexión, no una confrontación más de las que ya existen muchas, y las más sin sentido. No es un asunto de concordar al 100%, es simplemente invitar a l@s lector@s a mirar esto que se está viviendo desde otra perspectiva.
Muchas gracias.


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mail: instituto@vamiha.com

 
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