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Sexualidad Infantil
 

El juego y el afecto
Importantes en la infancia

Por Santa Ortega Gutiérrez
Sexóloga*


A través del juego l@s niñ@s descubren sus capacidades, los alcances de su cuerpo, sus sensaciones. Van avanzando paso a pasito en su desarrollo físico, emocional y en sus relaciones al ejercitar cada uno de sus músculos, moverse, observarse, sorprenderse. Al involucrarse con lo que encuentran en su camino, explorando, apropiándoselo y

En la primera infancia, cuando ya se han identificado como niños o niñas, comienzan a curiosear con su cuerpo y el de l@s otr@s, de hecho se expresan con todo el cuerpo y lo disfrutan. Su capacidad sensorial es extensa: oyen, ven, huelen, saborean, sienten con toda su piel y es muy importante que lo hagan ya que esto representa un enriquecimiento de su sexualidad.

Los juegos sexuales típicos del doctor, la escuela o la casita les permiten ensayar roles, interaccionar con otr@s, acercarse, tocarse, compartir, vincularse afectivamente. Y también asumirse en un rol femenino o masculino.

Cuando ya son mayores, tanto niños como niñas tienden a agruparse por separado, aunque hay curiosidad por el otro género. Juegan a contarse secretos, se ponen castigos que consisten en acercarse, besarse.

En fin, con el juego imaginan, fantasean, descubren y se descubren, de ahí la necesidad de que facilitemos que puedan hacerlo libremente, sin temores, sin culpas, de manera que encuentren respeto, intimidad y aceptación.

Para ello es esencial darnos cuenta de lo que l@s adult@s decimos y mostramos. Muchas frases como: “cierra las piernas, siéntate bien”, “los niños no lloran”, “si te enojas te vas a poner fea”, “ese no es un juego para niñas”, “los niños no juegan con muñecas”, van limitando sus juegos y su desenvolvimiento por el hecho de ser niños o niñas.

Pero no sólo con el “haz esto... no hagas lo otro” se les está enviando “mensajes de género”, sino también con lo que como adult@s hacemos o no hacemos: ya desde muy pequeñ@s ell@s perciben los gestos, tonos de voz, silencios, distancia entre los cuerpos, presencias, ausencias, etc. El trato que se da a un niño es diferente al de una niña; en el primero, se propicia más el movimiento, la actividad, la exploración; en la segunda, el cuidado, la tranquilidad, la belleza y por supuesto las expectativas que se tienen para ambos son en consecuencia dispares.

Los primeros modelos de niños y niñas son generalmente su padre y madre, modelos de los que aprende: qué es, qué hace y qué no hace un varón y una mujer, cómo se relacionan un varón y una mujer, y también cómo es un padre y cómo es una madre con sus hij@s. Es aquí donde adquirirán (o no) las nociones de respeto, amor, confianza, no sólo a través de lo que se les diga, sino de lo que vean, de lo que reciban.

Muchas veces las necesidades de l@s niñ@s son pasadas por alto, se piensa que como son pequeñ@s “no se dan cuenta, no entienden, no piensan”, su contacto consigo mismo, con lo que quieren es subestimado y se le da prioridad a las necesidades de l@s adult@s. Los niños y niñas, como cualquier persona, requieren que se les escuche, se les valore y se les provea de un espacio propio, donde se respete su intimidad y privacidad, donde se les acepte a partir de las personas que ya son y no a cambio de que sean lo que nosotr@s queremos que sean. Es decir, donde se les ame sin la condición de que cubran nuestras expectativas.


* Lic. en Sexología. Diplomado en Terapia Familiar. Maestría en Sexología Educativa, Maestría en Sensibilización y manejo de grupos en Educación de la Sexualidad, Miembro del Departamento de Investigaciones Especializadas en Sexualidad Humana del IMESEX Miembro del Grupo de Altos Estudios en Psicología, Sexología y Ciencias Sociales.

 
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