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| El juego y el afecto
En la primera infancia, cuando ya se han identificado como niños o niñas, comienzan a curiosear con su cuerpo y el de l@s otr@s, de hecho se expresan con todo el cuerpo y lo disfrutan. Su capacidad sensorial es extensa: oyen, ven, huelen, saborean, sienten con toda su piel y es muy importante que lo hagan ya que esto representa un enriquecimiento de su sexualidad. Los juegos sexuales típicos del doctor, la escuela o la casita les permiten ensayar roles, interaccionar con otr@s, acercarse, tocarse, compartir, vincularse afectivamente. Y también asumirse en un rol femenino o masculino. Cuando ya son mayores, tanto niños como niñas tienden a agruparse por separado, aunque hay curiosidad por el otro género. Juegan a contarse secretos, se ponen castigos que consisten en acercarse, besarse. En fin, con el juego imaginan, fantasean, descubren y se descubren, de ahí la necesidad de que facilitemos que puedan hacerlo libremente, sin temores, sin culpas, de manera que encuentren respeto, intimidad y aceptación. Para ello es esencial darnos cuenta de lo que l@s adult@s decimos y mostramos. Muchas frases como: “cierra las piernas, siéntate bien”, “los niños no lloran”, “si te enojas te vas a poner fea”, “ese no es un juego para niñas”, “los niños no juegan con muñecas”, van limitando sus juegos y su desenvolvimiento por el hecho de ser niños o niñas. Pero no sólo con el “haz esto... no hagas lo otro” se les está enviando “mensajes de género”, sino también con lo que como adult@s hacemos o no hacemos: ya desde muy pequeñ@s ell@s perciben los gestos, tonos de voz, silencios, distancia entre los cuerpos, presencias, ausencias, etc. El trato que se da a un niño es diferente al de una niña; en el primero, se propicia más el movimiento, la actividad, la exploración; en la segunda, el cuidado, la tranquilidad, la belleza y por supuesto las expectativas que se tienen para ambos son en consecuencia dispares. Los primeros modelos de niños y niñas son generalmente su padre y madre, modelos de los que aprende: qué es, qué hace y qué no hace un varón y una mujer, cómo se relacionan un varón y una mujer, y también cómo es un padre y cómo es una madre con sus hij@s. Es aquí donde adquirirán (o no) las nociones de respeto, amor, confianza, no sólo a través de lo que se les diga, sino de lo que vean, de lo que reciban. Muchas veces las necesidades de l@s niñ@s son
pasadas por alto, se piensa que como son pequeñ@s “no se
dan cuenta, no entienden, no piensan”, su contacto consigo mismo,
con lo que quieren es subestimado y se le da prioridad a las necesidades
de l@s adult@s. Los niños y niñas, como cualquier persona,
requieren que se les escuche, se les valore y se les provea de un espacio
propio, donde se respete su intimidad y privacidad, donde se les acepte
a partir de las personas que ya son y no a cambio de que sean lo que nosotr@s
queremos que sean. Es decir, donde se les ame sin la condición
de que cubran nuestras expectativas. |
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