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| Experiencia, amor y adolescencia Por Psic. Santa Ortega Gutiérrez
Un viaje con múltiples acompañantes ya que conforme vamos creciendo el círculo se amplía mucho más allá de nuestra familia nuclear. Las primeras relaciones o las relaciones que se dan alrededor y durante la adolescencia tienen tanta significancia para sus protagonistas como los lazos afectivos que se establecen en la edad adulta. En los vínculos amorosos que establecen l@s adolescentes está presente el deseo de estar casi todo el tiempo junt@s, de conocerse detalladamente, de tenerse confianza, de abrazarse, de tener contacto físico. La validación de estos vínculos facilita el que puedan aprender quién es el/la otr@, sus gustos, sus disgustos; el que se rompan mitos respecto al ser varón o ser mujer y se descubran que existen diferentes tipos de personas. De la misma manera que existe en las escuelas una educación formal que es vista como esencial en el desarrollo de cada un@ de nosotr@s, es necesaria, vital, una formación emocional, un aprender y enseñar a amar y amarse, lo cual implica un fluir entre el dar, el recibir y el pedir. Pocas veces se comparte de generación a generación este saber, estas experiencias afectivas a veces gratificantes, a veces dolorosas. Desde la alegría, el miedo, la tristeza, el enojo, emociones que también acompañaron nuestra vivencia del amor. Experiencias que tanto valor tienen, no por el contenido en sí de nuestras historias, sino por el sólo hecho de compartirlas honestamente, de generar un espacio-tiempo donde el conocimiento dé paso al respeto y el respeto al afecto. Si reconocemos nuestras propias vivencias podremos reconocer las de l@s otr@s (en este caso las de l@s adolescentes) y enseñarles a su vez este mismo proceso. Se trata de aprender a acercarnos no desde la imposición, el juicio, la descalificación, sino desde el acompañamiento, desde el estar, desde la aceptación. Hasta ahora las restricciones sólo han agrandado
la distancia para acercarnos a ell@s. Sus decisiones ya las están
tomando o las tomarán, la cuestión es dónde queremos
estar: en la distancia observándol@s únicamente o en la
cercanía, acompañándol@s en sus vivencias, en su
propio proceso, como las personas totales que son. Lic. en Psicología, Esp. en Sexología Educativa, Mtr. en Sensibilización y Manejo de Grupos, Miembro del Grupo de Investigaciones en Sexualidad Humana del IMESEX, del Grupo de Altos Estudios en Psicología, Sexología y Ciencias Sociales y del Instituto Mexicano de Investigaciones y Servicios Psicológicos. |
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