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| El cáncer cervical, de cérvix o de cuello uterino, ocupa el quinto lugar en cuanto a mortalidad por cáncer en mujeres: según los cálculos anuales más recientes, se producirán aproximadamente 500.000 nuevos diagnósticos y morirán unas 275.000 mujeres en el mundo como consecuencia de una infección que puede ser prevenida. De las 260.000 muertes por cáncer cervical que tuvieron lugar en 2005 en el mundo, un 95% se produjo en las regiones más desfavorecidas del planeta, la mayoría de ellas en África Subsahariana, Asia, y Sudamérica. En Europa, cerca de 33.500 mujeres son diagnosticadas y 15.000 fallecen por esta causa cada año. En 1970, se dio un paso importante al confirmarse que en el desarrollo del cáncer cervical estaba implicado un virus y con ello se vio la posibilidad de prevenirlo. La realización de citologías regulares para detectar la presencia de células anómalas en el cuello uterino en una fase temprana (antes de que se vuelvan cancerosas) permitió reducir en más de un 50% la incidencia de este tipo de cáncer en los países que disponen de medios para realizar las pruebas de detección. El Virus del Papiloma Humano (VPH) se llama así porque algunos de los tipos que forman ese grupo son los causantes de la aparición de verrugas (también llamadas papilomas), que son pequeños tumores benignos (no cancerosos), que aparecen en manos y pies así como en la garganta y en la zona genital. De los casi 200 tipos de VPH conocidos, más de 30 de ellos pueden transmitirse de una persona a otra por medio del contacto sexual y de éstos, algunos se presentan sin síntomas, otros son causantes de las verrugas genitales y unos 15 son oncogénicos, es decir, constituyen factores de riesgo para el desarrollo de cánceres genitales y anales. La mayoría de infecciones causadas por estos últimos tienen lugar sin mostrar síntomas y también pueden desaparecer por sí mismas, sin ningún tratamiento, al cabo de algún tiempo. Sin embargo, a veces, el VPH puede persistir en el cuello uterino y hacer que las frágiles células que lo componen sufran cambios citológicos que pueden conducir a la aparición de lesiones precancerosas y, si éstas no se tratan, a cáncer de cérvix. Vacunas contra el VPH Actualmente, hay dos de estas vacunas en el mercado: Gardasil, de Laboratorios Merck, aprobada el junio de 2006 por la FDA (Food and Drug Administration, Agencia Reguladora de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos) y Cervarix, de GlaxoSmithKline, recientemente aprobada por el gobierno australiano y prevista su aprobación por parte de la FDA para finales de este año. Estas vacunas preventivas del VPH se basan en la utilización de partículas virales unidas a proteínas de cubierta de VPH recombinante y tienen como objetivo dos de los más habituales tipos de VPH, el 16 y el 18, que juntos son responsables de un 70% de todos los casos de cáncer cervical. Gardasil neutraliza también los tipos 6 y 11 que causan el 90% de las verrugas genitales. Ambas vacunas están diseñadas para conseguir respuestas de anticuerpos neutralizantes del virus, de tal forma que se pueda prevenir la infección inicial con los tipos de VPH que contiene la vacuna durante un tiempo mínimo aproximado de casi 5 años tras la vacunación inicial. ¿Todo no son buenas noticias? Precisamente aquellos países donde la situación es más preocupante, nuevamente hablamos de los países con escasos recursos económicos, son los que tardarán más en beneficiarse de una distribución generalizada de la vacuna: la barrera más evidente es el alto precio del producto y los costes de la distribución. La realización de citologías rutinarias que tanto ha contribuido a la reducción del riesgo en los países más ricos constituye una herramienta demasiado cara para ser utilizada en países con escasos recursos, por lo que la introducción de la vacuna sería una necesidad urgente. Pero el precio de mercado de Gardasil (360 dólares por las 3 dosis necesarias) hace que también resulte inalcanzable a menos que se consoliden las iniciativas internacionales encaminadas a abogar por el acceso a la vacuna en los países con más prevalencia y menos recursos. También existen otras barreras añadidas, como es la precariedad, cuando no total inexistencia de infraestructura sanitaria que dificulta seriamente el acceso de mujeres y niñas a los servicios de salud, sin el cual no habrá manera de que se beneficien de la vacuna aquellas poblaciones que más la necesitan. En todos los entornos hay que tener en cuenta la dificultad para transmitir a la población general el beneficio que puede suponer en términos de salud pública la prevención de una Infección de Transmisión Sexual (ITS) muy común aunque generalmente asintomática y poco dañina que sólo tiene una remota posibilidad en un futuro lejano de progresar a cáncer cervical. Además, la vacunación de niñas de corta edad ha sacado a la luz en diversos lugares un dilema que está más relacionado con las creencias que con la eficacia del producto. Muchos padres han planteado su preocupación porque el hecho de vacunar a sus hijas suponga una promoción no deseable de la práctica sexual de las adolescentes a edades más tempranas. Pero una de las controversias que está dando más que hablar, aparte de la protesta por parte de algunos sectores conservadores respecto de la vacunación de niñas y jóvenes, es el aspecto de la obligatoriedad de la vacunación en algunos estados de EEUU, que presenta cuestiones relacionadas con la ética de las intervenciones médicas planteando la dicotomía entre salud pública y salud privada o libertad individual. Reacciones adversas VAERS (siglas en inglés de Sistema de Recogida de Efectos Adversos de la Vacuna) es una base de datos que se abrió en EEUU para recoger cualquier posible efecto ocurrido en torno a la administración de la vacuna, esté o no relacionado directamente con ella. Con respecto al embarazo, la vacuna no está recomendada actualmente durante el embarazo, aunque mujeres embarazadas recibieron la vacuna en ensayos clínicos de Gardasil, siendo las complicaciones gestacionales similares entre las participantes que recibieron el producto y las que recibieron placebo. Vacuna para mujeres con infección por VPH previa (vacuna terapéutica) Aún así, queda por responder la cuestión de si proteger de una posible reinfección a mujeres que hubieran sido infectadas -y hubieran eliminado el virus- serviría para reducir su riesgo de desarrollar cáncer cervical, aunque parece que una mujer infectada con un tipo determinado de VPH podría beneficiarse de la protección frente a otro tipo y también podría potenciar su respuesta inmunitaria aumentando así la protección ante una futura reinfección con el mismo tipo. Vacuna para hombres En Australia y la Unión Europea, se ha aprobado la vacuna Gardasil para varones de 9 a 15 años, basándose en datos que mostraban que producía una respuesta inmunitaria en varones adolescentes, aunque su eficacia en la prevención de la infección en hombres sexualmente activos no ha sido probada. La vacunación de varones mayores de 16 años podrá realizarse “fuera de licencia”, es decir, a criterio del médico, pero sin que esté avalada por la autorización explícita de las agencias reguladoras. * La Comunidad Internacional de Mujeres que viven con VIH/Sida (ICW por sus siglas en inglés) se fundó en julio de 1992 para dar una respuesta a la desesperante falta de apoyo, información y servicios disponibles para las mujeres que viven con VIH en el mundo y ante la necesidad para estas mujeres de influir en el desarrollo de políticas entorno al VIH (www.icw.org). Comentarios con el autor: |
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